Hubo un tiempo en que los seres humanos tenían un destino marcado desde sus nacimientto, si eran de hombre debian de comportarse como tales y hacer la guerra, producir, competir entre ellos o partir en busca de la fortuna; si eran mujeres debin realizar las tareas domésticas, parir hijos, producir también, aunque en actividades distintas, y quedarse en casa viendo pasar la vida. También la escuela tenia su destino asignado: transmitir a las nuevas generaciones los comportamientos considerados legítimos.
Pero, por suerte para nosotros, ya no estamos en quel tiempo, sino en uno muy distinto, más complejo y más libre, a la vez. Una parte de los seres humanos de este planeta tenemos la posibilidad de decidir, aun que sea parcialmente, lo que queremos hacer con nuestras vidas. Pensamos que no por haber nacido hombre o mujer debemos limitarnos a un tipo de actividades, que no son tal vez las que más nos interesan, pero no es así ya que podemos controlar nuestro destino, lo cual nos permite indiscutiblemente, vivir mejor y nos habre horizontes insospechados durante milenios para llegar a diseñar, por decirlo así, como queremos ser.
Nuestro concepto de escuela también ha cambiado. ya no estamos seguros de qué es lo que debemos enseñar, entre otras cosas por quelas verdades culturales son también efímeras.
estamos tan sólo al principio de una historia que puede ser larga, y explorando un nuevo continente, el de la transmisión de normas ocultas que, una vez develadas, pueden parecernos inaceptables por que no son democráticas, constituyen formas de discriminación y de exclusión y proceden de un pasado que ya no nos es útil.
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